|
Había una vez un tipo tan tacaño, pero tan tacaño, que un día iba con su novia paseando y pasa por frente de un restaurante, y su novia dice: - ¡Que rico olor! y el novio le dice: - ¿Quieres pasar de nuevo? Le pregunta el papá a su hijo: - Óigame hijo, ¿Por qué viene tan sudado? - Para ahorrarme unos pesos, me vine corriendo detrás del autobús. - Hombre hijo, no sea bruto, véngase corriendo detrás de un taxi, y así se ahorra más. Este era un hombre tan tacaño, tan tacaño, que soñó que se tomaba un café en un restaurante y se despertó para no pagarlo. Había un señor tan tacaño que veía la misa por televisión, y cuando venían las limosnas cambiaba el canal. Este era un hombre tan tacaño, que no se confesaba para que no le quitaran un peso de encima. La mujer le dice al marido: - Mi amor deja el dinero de la comida de hoy; el marido contesta - Toma estos 100 dólares huélelos y di que comiste. Un padre le dice a su hijo: - Hijo, anda, pídele azúcar a la vecina. Entonces, el niño va, y vuelve y le dice a su papá: - Papá, la vecina no quiere prestarnos azúcar. Entonces, el papá le dice: - ¡Que tacaña, esa vieja! No importa hijito, saca la nuestra mejor. |