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Una cruz o una antorcha
UNA CRUZ O UNA ANTORCHA
Por: Rosalinda Delgado

Cuando Patricia se dio cuenta de su existencia, tenia apenas cinco años. Era una niña vivaracha de familia humilde y feliz. Cuando murió su padre de una enfermedad incurable, su madre quedó sola con cinco hijos que criar y una pequeña pensión de retiro con la cual tendría que levantar a la familia. Entre las muchas cosas que Patricia escuchaba de su madre sacrificada, una le llamó la atención: Todos tenemos una cruz y esta es la que a mí me ha tocado vivir para siempre.

Patricia comenzó a pensar en los demás, y era cierto, el que más y el que menos llevaba una cruz. El hijo de dona Marta estaba en la guerra, Don Pedro tenia cáncer, Dona clara tenia un hijo discapacitado y Felícita extrañaba a toda la familia que había dejado en Cuba.

A través de los años Patricia también cargo su cruz, la tristeza de haber perdido el amor de su padre, su relación estresante con sus hermanos, el futuro incierto que la esperaba. Poco a poco se dio cuenta que verdaderamente no quería cargar tanto peso en sus hombros. Un día comenzó a tallar la cruz con las experiencias de su vida. Realizó que con cada talladura perdía madera y peso a la vez. Con el tiempo su cruz cambió de forma, ya no tenía que llevarla en sus hombros, ya no pesaba. Su cruz se había convertido en una antorcha que podía cargar orgullosamente en su mano, quitándose todo ese peso de encima.

Entonces, Patricia encendió la antorcha con su energía, su pasión y su amor por la vida. La antorcha le alumbraba en la oscuridad y le calentaba en tiempos de frío y angustia. Si se cansaba de cargarla o se le hacia pesada, la cambiaba a la otra mano. Con el paso de los años, Patricia se casó y tuvo hijos a quienes les regalo antorchas haciéndole ver lo positivo de la vida y la luz que les alumbraba el camino. Les dijo: Ganen las olimpiadas de la vida.

Hoy, la antorcha descansa en un pedestal, sigue encendida con la mejor actitud posible. A veces el viento intenta apagarla pero la determinación de Patricia no lo permite. Patricia dedica su vida a enseñar a otros el arte de tallar su cruz y transformarla en una antorcha tras abandonar todo lo negativo. Su mensaje: "Toma las piedras que se atraviesan en tu camino y examínalas para ver porque están allí. Toma cada experiencia que vives y transformarla en algo positivo que te ayude a crecer como ser humano. El secreto del arte del tallado está en tomar la decisión de adoptar una actitud positiva hacia la vida venciendo cada obstáculo que se te presente. ¿Que llevas? Una cruz o una antorcha. Tu decides."

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