|
Todos hemos oído hablar sobre el tema, ya sea como cambio climático, o calentamiento global de la tierra; también nos han dicho cómo podemos ayudar a detener este proceso y lo que sucederá si no hacemos algo pronto. Pero ¿cuántos de nosotros nos hemos detenido a pensar en el verdadero significado del “movimiento verde” del que constantemente oímos?
Yo era una de esas personas, muchas veces escuché hablar sobre esas “cuestiones ambientales” que nunca entendí con claridad y que consideraba totalmente ajenas a mi vida; para mí era más que suficiente que la “gente verde” hiciera algo al respecto; estaba segura de que los ambientalistas podrían controlar la situación sin mi ayuda. Pues le cuento que luego de aproximadamente 2 horas de conversar con Christiana mi perspectiva cambió para siempre y espero que después de leer este artículo la suya lo haga también.
Christiana Figueres es originaria de Costa Rica y es probable que crecer en un país tan rico en biodiversidad haya sembrado en ella su interés por la naturaleza y el medio ambiente, además del impacto social de estos.
Pero no siempre fue ambientalista, Christiana estudió Antropología y Sociología en Estados Unidos y más adelante obtuvo una Maestría en Antropología Social en Londres. Además desempeñó algunos cargos políticos en su país natal, entre otras actividades no estrictamente relacionadas con asuntos ambientales.
Fue hasta principio de los años 90 que una experiencia marcaría su vida y le daría un cambio radical. Cuenta que de niña fue junto a su familia a una zona boscosa de Costa Rica donde por su condición de bosque lluvioso abundan distintas especies de flora y fauna. Durante muchos años conservó en su memoria unas diminutas ranitas doradas, una especie bastante peculiar que únicamente se podía encontrar en Costa Rica, ninguna otra parte en el mundo la tenía. Años después regresó a Monteverde con la ilusión de enseñarle a sus hijas aquella maravilla de la naturaleza que ella había conservado en su mente por tanto tiempo. Pero la especie se había extinguido, todas aquellas bellísimos ranitas doradas habían muerto y nunca más nadie podría apreciarlas.
Los especialistas del parque les explicaron que aparentemente la especie había muerto a consecuencia de los bruscos cambios en la temperatura; el calentamiento global acabó con ella.
Fue en este momento que Christiana se dio cuenta de la gravedad del problema, “me pareció increíble que mis hijas estuvieran heredando un mundo con menos especies, que por mi descuido y falta de conciencia ambiental, no pudieran disfrutar de animales que yo sí pude apreciar. No es posible que les estemos entregando a nuestros hijos un mundo disminuido, con menos diversidad.”
Decidida a hacer algo en contra de este problema comenzó su ardua tarea en pro de la conservación ambiental. Ya para esos años Costa Rica estaba tomando medidas de conservación ambiental que otros países en Latinoamérica todavía no tomaban, y apoyada por el gobierno costarricense se informó acerca de los proyectos y convenciones relacionadas con el cambio climático, el calentamiento global de la tierra y la biodiversidad.
En 1992 se llevó a cabo la “Cumbre de la Tierra” en Río de Janeiro, Brasil donde se dieron los primeros pasos en descubrir qué estaba causando el cambio climático y qué se podía hacer para remediar o al menos controlar el problema. Luego en el marco de esta “Convención de Cambio Climático” se negoció el “Protocolo de Kioto”, a través del cual los países industrializados (Japón, países europeos, etc) asumen obligaciones legalmente vinculantes de reducir sus emisiones de gases como medio para combatir el cambio climático, y los países en desarrollo adquieren el compromiso moral de colaborar.
En su afán por contribuir con el planeta, Christiana fundó en 1995 el Centro para el Desarrollo Sostenible en las Américas (CSDA), una organización sin fines de lucro dedicada a capacitar a los gobiernos y empresarios de toda Latinoamérica sobre el cambio climático con el único fin de trabajar en conjunto contra el problema.
Christiana asegura que la solución a este conflicto consta de 3 factores: como individuos, como empresas y como gobiernos.
Nosotros como individuos podemos contribuir haciendo pequeños cambios en nuestra vida diaria que marcarán una enorme diferencia:- Utilicemos bombillos de alta eficiencia energética.
- Instalemos luces con censores de movimiento, de esta manera la luz se apagará por sí sola cuando nadie se encuentre en la habitación; o simplemente recuerde apagar la luz cada vez que no la esté necesitando.
- Apaguemos el aire acondicionado o la calefacción cuando no estemos en casa; ¿por-qué desperdiciar electricidad si estamos en el trabajo o en la escuela casi todo el día?
- Apaguemos la computadora cada vez que terminemos de usarla, no hace falta mantenerla prendida constantemente si nadie la está ocupando.
- Mantengamos la presión de los neumáticos de nuestros vehículos al nivel recomendado, esto nos ayudará a consumir menos gasolina y producir menos gases y sustancias nocivas.
- Sembremos un árbol si tenemos la oportunidad.
- Reciclemos la basura; separemos el papel, cartón, plástico y aluminio; casi todas las comunidades ofrecen esta opción a la hora de recolectar su basura.
- Utilicemos autos más eficientes, en la actualidad el mercado está lleno de ellos.
- Si tenemos la posibilidad, compartamos los viajes al trabajo o a la escuela con varios compañeros; menos autos en las calles generan menos tráfico, más ahorro en gasolina y menos contaminación.
Si incorporamos estos consejos a nuestra rutina diaria, y los convertimos en hábitos, no sólo nuestros bolsillos nos lo agradecerán, el medio ambiente también. Si no empezamos a colaborar con el cambio climático, las consecuencias podrían ser fatales y muchas de ellas ya las estamos viviendo.- Hay más calor y menos precipitación por lo que las zonas agrícolas se están secando.
- Se está produciendo la migración agrícola lo que significa que los árboles y cultivos ya no crecen donde solían crecer y se están moviendo a zonas más frescas y con más lluvia.
- Las zonas áridas se están convirtiendo en desiertos donde la comida empieza a escasear.
- Enfermedades como la malaria y el dengue se están reproduciendo rápidamente debido al cambio en la temperatura y las precipitaciones.
- Las capas polares se están derritiendo debido a las altas temperaturas lo que ocasiona que el nivel del mar crezca y poco a poco vaya consumiendo territorio en las costas e islas.
- Al subir la temperatura suben también los vientos y las tormentas se hacen más frecuentes y poderosas.
Así que si usted se preguntaba a qué se deben tantos huracanes, inundaciones, tormentas tropicales y hasta tsunamis, aquí tiene la respuesta, tal vez sean todos esos años que lleva manejando a su trabajo solo cuando su vecino de al lado trabaja en su mismo edificio, o todas esas luces que ha dejado prendidas por horas en habitaciones donde no hay nadie, o esa computadora que compró hace 3 años y desde ese día nunca se ha apagado aún cuando sólo la utiliza unas cuantas horas diarias. “Usamos los recursos naturales irresponsablemente, se deben manejar como una inversión porque no son infinitos, sí se pueden terminar.”
Christiana no era muy diferente a usted o a mí, ella tampoco vivía pendiente de esas cosas “absurdas” como apagar luces, plantar árboles y reciclar pero aquellas ranitas doradas la hicieron cambiar de opinión y darse cuenta de que tal vez esas cosas no eran tan absurdas y el problema ambiental era más grande y real de lo que se imaginaba.
En el 2007 representó a América Latina en el ente regulador de emisiones en el Marco de Cambio Climático de las Naciones Unidas. Hoy Christiana dedica su vida a trabajar con la Convención de Cambio Climático y los bancos de desarrollo estructurando proyectos y planificando la negociación para el próximo protocolo. Además, es la Vice Presidenta y representante de América Latina y el Caribe en la Convención de Cambio Climático.
El calentamiento global y los cambios climáticos se han convertido en una cruda realidad imposible de evadir. Christiana cuenta que en la primera Convención participaron únicamente 60 personas del mundo entero, en la última convención el número de participantes fue de 15,000. Además, por primera vez se otorgó el Premio Nobel de la Paz a los científicos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).
Pareciera que el mundo finalmente ha aceptado el problema y está decidido a combatirlo así como Christiana Figueres lo ha hecho desde hace tantos años.
De corazón espero que las palabras de esta mujer costarricense, hoy vecina de Gaithersburg, le hayan calado como lo hicieron conmigo; piense en el dinero que se ahorraría economizando electricidad y gasolina, piense en la diferencia que su cambio de actitud podría marcar en el medio ambiente, pero más importante aún, piense en sus hijos y el mundo que van a heredar si no hacemos algo ya.
Monica Orellana es escritora independiente y periodista graduada en su país natal de Costa Rica. Para comunicarse con ella, escríbale a
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla
|