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Victor del Pino, un fiscal contra las pandillas

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escrito por Carolina Peña   

ImageEntre los grandes desafíos que enfrenta la imagen de nuestra comunidad esta la mala fama que nos dan los pandilleros.  Pero que mejor que tener a uno de los nuestros encabezando la lucha judicial en contra de las pandillas juveniles. Víctor Del Pino, 34, Jefe de la Unidad de Fiscalía de Pandillas en el condado de Montgomery abrió las puertas de la corte para Buena Gente dejándose conocer tanto el en el ámbito personal como en el profesional. El joven abogado es el fiscal responsable de la unidad especializada en la prevención, intervención, y supresión de las pandillas en el condado.

Nacido y criado en Silver Spring, Maryland, Del Pino se enfrentó a la misma presión social y malas influencias que rodea la vida de cualquier joven.  De padre colombiano y madre mexicana, la familia inmigró al área metropolitana de Washington durante los años 60.  Del Pino asistió a la escuela privada Saint Catherine Laboure, y se graduó de la prestigiosa escuela Good Council donde pudo asistir con ayuda financiera y  gracias al empeño de su padre que tenía dos trabajos para poder darles a él y a su hermano mayor una buena educación. Sin embargo y a pesar de asistir a escuelas privadas, Del Pino no se consideraba un buen estudiante.

“Yo era el típico estudiante que los profesores creían que tenia potencial pero mis notas apenas llegaban a C,” cuenta Del Pino. “Yo creía muy poco en  mi mismo y no estaba seguro de mi capacidad e inteligencia.  Mas bien, cuando llegué a tener un promedio de 2.5 me sentí como que si hubiese sacado 4.0”

Del Pino recuerda haberse sentido fuera de lugar al principio de la secundaria.  A pesar de haber nacido en este país, su primer idioma fue el español y en una escuela privada tal vez sentía más las diferencias con el resto ya que era uno de los pocos hispanos.  Pero el tipo de presión social era distinto para Del Pino.  “Estoy muy agradecido por mi educación en Good Council. Les debo mucho porque pude ir a la universidad y después a la facultad de derecho. Ellos me retaron y me hicieron ver que el ser inteligente es más buena onda (cool) que irme a fumar”  

Del Pino aunque no era muy estudioso, sí era dedicado al baloncesto y esto lo ayudó a encaminarse hacia un mejor futuro. Con una altura mayor de 6 pies, fue aceptado a Virginia Wesleyan College al graduarse de secundaria. Esto fue un gran acontecimiento para él y su familia, pero aun así Del Pino dudaba de si mismo y de su capacidad de poder alcanzar su meta de convertirse en abogado. Sabía que debía mantener un promedio académico mayor de 3.0 y así lo hizo. 

Según el talentoso licenciado, estudiar no le agradaba mucho, pero jamás se dejo vencer por los obstáculos y sin despegar el ojo de su objetivo, se dedicó a sus estudios hasta sacar su bachillerato (4 años) en Criminología y Sociología y pasar el exigentísimo examen de ingreso a la escuela de derecho conocido como el ‘LSAT’. Fueron 6 meses de estudio, sacrificios y preparación pero finalmente obtuvo el puntaje necesario para lograr admisión a la Facultad de Derecho de la Universidad de Baltimore.

Su afán de estudiar criminología y convertirse en abogado surgió de un evento que marco su vida para siempre, y explica: “Cuando mi hermano mayor recibió un disparo a los 17 años, mi mundo casi se desplomó.  Yo tenía 14 años y lo admiraba mucho y cuando fue víctima de una confrontación violenta, en ese momento yo me propuse ser abogado y luchar contra el crimen.” Fue tal vez esta experiencia la que le dio a Del Pino una determinación de hierro.

El apoyo de la familia Del Pino se extendía a Zacatecas, México donde de pequeño pasaba los veranos con su hermano visitando familia y reafirmando su identidad latinoamericana. Del Pino  cuenta que sus padres se encargaban de contar cada uno de sus logros para que toda su familia se enterase.  “Cuando tu familia espera mucho de ti y se sacrifica por tu futuro, esto solo te hace querer llenarlos de orgullo,” reflexiona Del Pino.

Mientras este acontecimiento en su adolescencia le dio la visión de ser abogado, fue el orgullo de su familia que lo mantuvo dedicado día a día.  Los Del Pino  mantienen fuertes lazos con su familia en Zacatecas, México y cuando Víctor y su hermano visitaban cada verano, su identidad Latinoamericana se solidificó. 

Uno de los momentos mas emocionantes para Del Pino  fue un sábado de noviembre cuando recibió la carta con los resultados del examen de licenciatura que determina si es abogado o no.  El recuerda haber sacado la carta del buzón y simplemente observarla detenidamente en silencio sin abrirla.  Después de unos minutos cuando se armó de valentía la abrió y empezó a llorar. “PASSED”.  Sueño cumplido.

El abogado Del Pino tomaba sus retos día a día y mientras sus compañeros de la facultad ya sabían en que despacho jurídico iban a trabajar, Del Pino recién se había puesto a buscar trabajo.  Fue entonces que John McCarthy, el fiscal general del estado de Maryland (State’s Attorney), tomó interés en ayudar a Del Pino por recomendación de un entrenador de baloncesto y le ofreció una pasantía la primera vez que lo conoció. Poco después trabajó como abogado de inmigración donde se sintió frustrado, pues al pertenecer a una firma privada, tenia que cobrar honorarios exorbitantes y esto no le parecia justo para los inmigrantes.   Posteriormente fue contratado como gerente de una firma de bienes raíces, una experiencia muy lucrativa pero no le satisfacía profesionalmente, pues quería ayudar directamente a la comunidad. Poco después, el fiscal McCarthy le ofreció trabajo como fiscal, y aunque ahora gana la mitad de lo que ganaba antes, considera su trabajo una bendición.

“Cuando veo las caras de los jóvenes pandilleros aquí en la corte, puedo identificarme con ellos y me siento agradecido que tuve padres, un hermano, maestros y entrenadores que siempre me guiaron por el camino correcto.”  Del Pino aprovecha cualquier oportunidad que tenga para hablar con jóvenes y padres recordándoles que “cada vez que un joven se integra a una pandilla, esta nos roba un futuro maestro, doctor, abogado, o líder.

Desde que Del Pino fue nombrado jefe de la Unidad de Fiscalía de Pandillas del Condado de Montgomery, los crímenes relacionados a pandillas han disminuido de 507 incidentes en el 2007 a 285 incidentes en el 2009.  Pero reitera que todavía existen 40 pandillas en el condado de Montgomery con aproximadamente 1,150 integrantes, un tercio del número total de pandilleros del área metropolitana. Además de enjuiciar criminales como fiscal al fin,  Del Pino educa a la comunidad. Indica que hasta el momento se han enjuiciado 1000 casos desde que la unidad fue establecida y se le presta especial atención a los casos de asesinatos y robos. “Estamos llegando más de cerca a la comunidad educándola sobre la existencia de pandillas y sus peligros. Hablamos en las escuelas y organizaciones con niños, padres y maestros para que sepan como enfrentar este peligro amenazante. El encarcelamiento no es siempre la mejor solución, la educación y prevención son clave en la lucha para erradicar las pandillas”

Carolina Peña es escritora independiente, anfitriona del programa televisivo del condado de Montgomery, Generación Latina y estudiante de la Universidad de Maryland.  Para comunicarse con ella, escríbale a Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla

 
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